miércoles, 16 de marzo de 2011

Reflexión Pedagógica

Una de las experiencias de trabajar en educación con personas menores de 14 años, es que nuca se sabe con que dificultades te vas a enfrentar ni que estrategias debas usar para alcanzar los logros propuestos. Sin embargo en el transcurso de este proceso podemos evidenciar que las cosas más simples suelen llevarnos a grandes logros y a obtener un éxito rotundo con niños que por ciertos comportamientos y vicios actitudinales depronto hemos dado por perdidos.

Por lo general nos dedicamos a cumplir con una meta que está escrita o con un plan de estudios y sin querer nos estamos encasillando junto con nuestros estudiantes a hacer siempre lo mismo y tal ves de la misma forma; claro, se debe cumplir con una meta, con un programa, con unos objetivos, pero esto no quiere decir que las estrategias para lograr dichas metas no sean ricas y variadas. Es bien sabido que procedemos de una educación tradicionalista y rigurosa y que tenemos adheridos muchos vicios de esta forma de educación, llevándonos quizá a pensar que “yo enseño como a mí me enseñaron”, dejando de lado el placer de conocer cosas nuevas, de explorar, de indagar y de descubrir que no todo esta dicho, no siempre todo esta escrito y que como docentes podemos descubrir o por lo menos conocer decenas de cosas que ya existen y que nos pueden dar la mano en un momento dado a la hora de enseñar, de instruir, de orientar.

Debemos tener en cuenta cosas tan sencillas como el juego, el ambiente, tanto el que nos rodea como el que podemos generar con nuestra presencia y nuestras acciones. Un simple ejercicio corporal bien dirigido, un ejercicio de coordinación, de motricidad, puede despertar en nuestros estudiantes mayor interés por aprender, que el que puede lograr una tediosa clase entre cuatro paredes y frente a un tablero o con un extenso texto el cual con solo verlo ni dan ganas de leer. Y si a estas actividades le adicionamos un poco de tecnología, es decir un poco de pasado, de presente y de visión futuro, seguramente haremos de nuestro quehacer pedagógico algo chévere, una enseñanza eficiente y eficaz, llevando a feliz termino las metas, objetivos y programas propuestos.

DANILO PINZON

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